miércoles, 25 de julio de 2012

Consideraciones en el 50 aniversario de la muerte de Carl Gustav Jung.


Consideraciones en el 50 aniversario de la muerte de Carl Gustav Jung.

Cuando se cumplen cincuenta años de su muerte, me pongo a considerar de qué forma Carl Gustav Jung está vivo hoy y cómo, desde su mirada, se entiende la experiencia del ser humano en la actualidad.
Soy analista y en mi tarea diaria conecto con la experiencia individual que tuvo Jung; experiencia que se
ocupó de recoger, escribir y dibujar, para que siguiera viva más allá de su muerte, como lo muestra su obra
completa y el recientemente publicado Libro Rojo . Hace un momento, esta misma tarde, alguien en mi
consulta me ha dicho: Algo tira de mí, expresando así una sensación difícilmente descriptible en palabras. Al
escucharlo, he pensado que ese algo que tira de él está participando en la tarea que esa persona y yo nos
encontramos haciendo juntos, en análisis. En efecto, algo ha hecho que nos encontremos en mi consulta una
vez por semana para hablar de sus asuntos y para ver juntos muchas cosas, por ejemplo, las imágenes de sus sueños o de sus fantasías.
Ese algo que tira de uno probablemente fue intuido por los hombres de todas las épocas a lo largo de la
historia de la humanidad y de todas las culturas, pero no fue colocado en el ámbito de la ciencia hasta que
Carl Gustav Jung, psiquiatra suizo que trabajaba en el hospital Burghölzli de Zürich, se puso a contemplar el
lago que tenía frente a su casa y se atrevió a tomar en consideración a un algo que tiraba de él, atreviéndose a colocarlo en el mundo de la ciencia de la psicología.
Carl Gustav Jung vio claro que a ese algo había que incluirlo en la metapsicología porque participaba,
tomaba parte, en el proceso vital a través del que los estados psíquicos descompensados de las personas a Las que atendía en su consulta psiquiátrica estaban buscando encauzarse y equilibrarse.
Al cumplirse 50 años de la muerte de Jung, vemos aparecer en España el volumen 9/II de sus obras
completas, titulado: Aion, en el que Jung estudia el arquetipo del sí-mismo, que estuvo representado en el
culto a Mitra por Aion, ‘Aion, (el dios con cabeza de león y una serpiente alrededor del cuerpo) representa
la unión de opuestos, de la luz y la oscuridad, de lo masculino y lo femenino, de la creación y la destrucción’
(C.G. Jung O.C. vol 18/I párrafo 266). Los cultos mistéricos de la Antigüedad siempre están conectados con deidades que guían al alma.
En este volumen, Jung estudia el arquetipo del sí-mismo, de aquello que tira de uno, representado por
distintos símbolos según las distintas culturas, entre ellos, la figura de Cristo. ‘Según Jung, es la imagen
original del anthropos lo que hizo de Jesús de Nazareth… el Hombre Dios, representante paradojal de la
parte y el todo, ya que él corresponde al yo en tanto hombre, pero también al sí-mismo en tanto Dios’ (AiméAgnel, ‘Jung. La passion de l’Autre’).
En las corrientes freudianas el sí-mismo, el self, se describe como un producto del desarrollo del yo, para
Jung el sí-mismo está presente antes de lo que lo está el yo consciente, y es el yo el que se desarrolla a partir
del sí-mismo.
Ante esta perspectiva que se le hizo clara a Jung al pararse y experimentar en sí mismo, la dimensión
espacial del ámbito en el que se mueve la energía psíquica deja de verse de forma lineal, en donde la causase
halla en la consciencia y antecede al efecto, y pasa a ser tridimensional, la causa y efecto en la psique se
generan a través de una relación entre el consciente y el inconsciente movidos por un tercero, el algo que tira
de uno, adquiriendo profundidad, relieve, y convirtiéndose en la dinámica de una relación recíproca entre
distintas partes. El espectáculo cambia, y la atmósfera desde la que se contempla esta relación dinámica entre distintas partes, transformándose unas a otras, también cambia. El campo de observación se amplía y se produce un alivio, un desahogo, al avenirse a la acción de ese algo que tira, que tiene intención propia y que está ahí para algo que parece comunicar un sentido. El desahogo, el respiro, se produce al dejar de ponerlo todo en el yo, el pobre y humilde yo que tan prepotente suele ser.
Jung, con su experiencia y con la elaboración de su método, estableció un puente en el que conectó lo
personal y lo que está más allá, el inconsciente colectivo, puso al hombre en contacto con ‘su’ colectivo, con
el colectivo dentro de él, viendo que sólo así el hombre de hoy podía prepararse para sobrevivir a lo que le
esperaba en su tiempo; el hombre y la mujer de hoy que no se reconocen porque están inundados de un
colectivo proyectado en el exterior que anega de inconsciencia pasiva sus vidas.
Las figuras de este algo que tira de uno, intentando que el hombre y la mujer de hoy reconozcan a los ‘otros’
que estaban ahí desde que naciera el yo consciente: los complejos preñados de arquetipos, la sombra, el
ánima, el ánimus, el sí-mismo, los nombró Jung para que nos orientásemos por dentro ahora, en este tiempo
que nos toca vivir.
Pero el hombre y la mujer de hoy, cincuenta años después de la muerte de Jung, no contemplan el lago,
miran una pantalla de ordenador y no se ven a sí mismos, no se reconocen. Las figuras del ‘otro’,
desconocido, ignorado, colocado lejos de la consciencia, dominan nuestras vidas, propiciando la aparición de destructivos trastornos psíquicos; el ánimus, en la mujer, se hipertrofia causando destrozos, y el ánima, en el hombre, lisiada e inactiva, deja todo por hacer, por emprender; la sombra no se padece y el caos crece.
Mientras, sucede lo que nunca dejará de suceder, que el sí-mismo tira de uno, tira del hombre y de la mujer
y los lleva al síntoma para que se reencuentren y se reconozcan a sí mismos y a los que los habitan, para que
descubran el sentido de sus vidas y de su relación con los demás.
Habría, entonces, que ponerse a considerar de qué forma ha influido la actitud de Carl Gustav Jung hacia su
propia sombra, sombra latente en su manera de ver los fenómenos psíquicos, en el caos espiritual que vive el
ser humano en la actualidad.

OLIVIA DEL CASTILLO, BLOG TROTTA. BARCELONA 2011

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